Zona
de bandas, 10 entrevistas definitivas.
Cólico que viene y se va, movimiento inmóvil y semillero
de grandes artistas, el rock en Venezuela siempre ha sido campo
de experimentación, no siempre feliz acreedor de la aceptación
popular, hasta que sus cultores de ocasión le agregan algún
elemento distintivo que obra el milagro o se topan con “la
canción”. A través de los 60, 70 y 80, han
brotado fiebres, echando a la calle de una patada a músicos
bien dotados, grupos de propuesta acabada y uno que otro engendro
ininteligible. Muchos exponentes, han logrado dar el brinco al
gusto masivo. Otros, actuando como equipo de mercenarios que corren
tras el premio único, han sido tan sólidos como para
armar bronca, llegar a las radios y quedarse dentro de los recuerdos
al morir la efervescencia.
Sin embargo, el rock en Venezuela, es volátil.
Cual gas, siempre está dispuesto –y expuesto- a la
hibernación,
al recibir el sacudón del algún elemento externo
que vibre de novedad y haga virar el cuello de los venezolanos.
Quizás, su falla y debilidad esté dentro de él
mismo y no sea una vocación del público. Tal vez,
haya padecido un estigma de nacimiento: No pertenecer a un país
que se cree global y cosmopolita sin serlo del todo. Capaz y haya
desdeñado insistir con el mayor de sus aciertos: Mezclarse
con nuestras raíces, a fin de conformar una entidad de rasgos
mestizos, con firmes posibilidades de pasar la prueba del tiempo.
Zona de bandas: 10 entrevistas definitivas intenta
fotografiar –usando
las voces de los implicados y atenuando la distorsión- un
episodio ya dilatado de la historia del rock nacional: El último
lustro. Éste período ostenta como seña particular
la pervivencia de grupos, nacidos en la transición 1980-90,
y su estimable influencia sobre las audiencias mayoritarias, junto
a una creciente y sostenida inclusión de elementos de personalidad
nacional, tanto en lo musical -léase ritmos, instrumentos
y tempos-, como en la recreación de nuestra manera de hablar
en las líricas de las canciones -uso de términos
e inflexiones coloquiales.
Dicha apropiación de rasgos, al lado
de un momento político
y social determinado, y una persistencia de las bandas poco habitual
entre nos -hijos de la riqueza petrolera-, ha facilitado que la
escena de “rock” nacional haya provocado, de 1998 a
2003, una irrompible cadena de éxitos de radio, el interés
palpable por parte de los sellos, una edición de discos
-independientes o no- con características de pequeña
industria, la constante presencia de los artistas en los medios
de comunicación, además de lograr la postergada generación
de expectativas ante la realización de conciertos.
A todo ello, le acompaña la fuerte
sensación de estarse
viviendo un importante ciclo dentro de la existencia del rock en
Venezuela, el cual quizás pueda compararse al boom de los
años ’60, al criollismo de los ’70, o al auge
de los cantautores urbanos en los ‘80. Incluso, se asoma
la posibilidad a menudo escurridiza, de que estas cuantas bandas,
sumidas alguna vez en febril actividad individual, sean el suelo
de un movimiento continuo, sano e inmune a los sobresaltos; reflejo
de una sociedad más madura y con menos complejos.
Luis Laya.
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