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El día de más trabajo

Los obreros cubanos tienen tradición de celebrar el Día del Trabajo desde época tan pasada como el siglo xxx. En este hemisferio, nuestra nación junto a Argentina y Chile fueron las pioneras en conmemorar esta fecha.

A petición del Congreso Socialista de Paris, los trabajadores cubanos desfilaron el 1ro. de Mayo de 1890 por diversas calles habaneras para culminar con un acto donde varios oradores criticaron la explotación a que eran sometidos los obreros del patio.
En tiempos posteriores continuó la tradición de una masa más fuerte y unida que tenía el derecho de expresar sus puntos de vista a pesar de las contradicciones notorias de los principales líderes sindicales de la República.

Con el triunfo de la Revolución en enero de 1959, la situación de los trabajadores fue cambiando paulatinamente en detrimento de la vanguardia que ha llevado sobre sus hombros el peso de la economía del país. Aunque la Prensa Oficialista no se cansa de destacar que en Cuba, el 1ro. de Mayo, es la Fiesta de los Trabajadores, el slogan comunista no deja de ser una de las tantas mentiras a divulgar.

Los obreros tienen la obligación de asistir al desfile porque en ello va la evolución integral de todo un año en un puesto que no importa si éstos lo desempeñan magistralmente.

Si no viven en la capital son movilizados desde las primeras horas de la madrugada en sus pueblos de origen para llegar bien temprano a la capital y ocupar las zonas de concentración.

Como ovejas del Anticristo Pastor tienen que corear consignas preelaboradas y portar pesados carteles o agitar banderitas sin cesar. Los más jóvenes llevan a sus pequeños en sus hombros, que sin tener conciencia de lo que hacen, tratan de imitar a los adultos.

El mecánico desfile cuenta con la presencia de dirigentes gubernamentales, obreros vanguardistas y delegaciones extranjeras de izquierda que toman asiento en la tribuna de la Plaza de la Revolución semejantes a aquellos patricios latinos del Coliseo Romano.

Al finalizar la tediosa marcha, los que viven en la capital se desplazan a pie largas distancias porque el transporte urbano se retira para ser usado con los obreros que viven en los municipios más lejanos. Todos llegan a sus hogares cansados, sudorosos y hambrientos. La peor parte toca como siempre a las amas de casa-trabajadoras, que no saben por donde empezar para hacer las faenas sin apenas fuerzas.

El día 2 si no es fin de semana, hay que retornar a la escuela o al trabajo sufriendo las vicisitudes del transporte o pedaleando una bicicleta en ayunas.

Los 365 días de trabajo forzoso de los obreros cubanos no encuentran realmente un estímulo en un día que cada año recuerda en todo el orbe a los cinco mártires de Chicago bajo una nueva óptica acorde al momento actual.